No sé qué pasó. Nos veníamos quejando del frío, teníamos la calefa al mango y medibachas de lana y de repente un día, parada en la estación de tren mientras caía el sol de la tarde, me corrí a la sombra.
¿Qué había pasado? Había empezado el verano, así, de sopetón, cuando todavía no había terminado la primavera. De la noche a la mañana, en menos de lo que canta un gallo, el sol se empezó a poner a las 9 y media de la noche, el termómetro subió a los veintiocho grados y las suizas salieron como locas a comprar ropa de colores fuertes.
Ni cortos ni perezosos, en casa armamos la piletita la semana pasada. No es una "Pelopincho" sino una piletita inflable, rectangular, de 2,5 por 1,5 metros. Es decir que el hombre de la casa entra acostado en ella, que no es poco.
Lena se puede mandar unos cuantos largos, pero todavía se muestra sigilosa aunque disfruta del agua, y a los pocos minutos quiere salir de la pileta e insiste en entrar, con el traje de baño empapado, al arenero, para volver rebozada a la pileta un rato después, ante la pasmosa paciencia de su madre que la riega con la regadera para quitar los restos de arena.
Ayer ya nos estábamos quejando del calor y de lo seco que estaba todo, pero hoy San Pedro nos mandó una lluvia que bajó en 10 grados la temperatura. ¿Será éste el fin del verano suizo? Fue lindo mientras duró.
3 comments:
ah no, en esta foto sos vos de chiquita! Iguales. Aguante Lena. Guardá la malla en la valija que acá vas a necesitarla.! las quiero!!
Tiempo loco nomás! Aguante la pelopincho!
Guardame un lugarcito enla picina para cuando te vaya a visitar.....tiitat
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