
El 28 de mayo se cumplió un año de mi llegada a Suiza. No he estado exactamente un año, si tenemos en cuenta mi estadia en Argentina de diciembre hasta febrero, pero de cualquier forma estos meses fueron suficientes para comenzar mi proceso de adaptación a este interesante país, a saber:
- Ya no pregunto a quien vuelve del baño en un restaurante si hay papel higiénico. No he logrado, sin embargo, y a pesar de su casi siempre imnaculada apariencia, sentarme sin más en el inodoro de un bar, restaurante, o estación de tren. Al fin y al cabo, las bacterias son invisibles a los ojos.
- Me resigné a la tristeza de saber que no existe la cerveza de litro.
- Separo el cartón, el papel, las botellas de Coca Cola, los desechos vegetales, no como un acto heroico de amor al medio ambiente sino como parte de la rutina diaria. Y pago por la basura que no reciclo.
- En las góndolas de supermercado sigo revolviendo entre las miles de variedades de salchichas tratando de encontrar algo similar al chorizo argentino. No existe.
- Siento lástima por los suizos cada vez que hacen un "grill-party". Un par de salchichas y un churrasquito del grosor de feta de jamón. Se me pianta un lagrimón, casi tanto como cuando veo los precios de los cortes de carne en el supermercado.
- No se vende atún desmenuzado.
- Después de un año, y en pos de mi salud mental, dejé de multiplicar todos los precios por 3.
- Aprendi a manejar la expendedora de boletos.
- Retiro lo dicho si alguna vez dije que la televisión argentina era mala. La televisión suiza, al menos la de habla alemana, es terrible. No hay ni un solo canal de noticias, tal vez porque casi no hay "noticias", al menos no del modo que entendia la palabra viviendo en Argentina. En cambio hay un noticiero super frío y conciso que no tiene ni siquiera un móvil en la calle.
Los programas de cuarta, de esos en los que una mina en poca ropa propone un juego re fácil para que la gente llame y pague una fortuna por la llamada, abundan. Solo de vez en cuando se juegan con algún buen documental, pero para la plata que deben tener, podrían poner a funcionar un poco más sus think tanks creativos.
Lo mejor, a cierta hora, es una imagen de una fogata, que arde continuamente, sin más propósito que que la gente prenda el televisor y sienta que tiene el hogar encendido. De terror.
- Hibernar, es una de las cosas que todavia no he aprendido. En los meses más crudos me escapé al hemisferio sur, pero puedo adivinar que es tremendo el contraste entre el verano, donde prácticamente cada fin de semana hay un festival callejero, o espectáculos, cine al aire libre, ciclos de conciertos, y el invierno, donde se hace de noche tan temprano que a la gente solo le alcanza el dia para ir y volver del trabajo.
- Tuve que acostumbrarme también a que todo cierra tan temprano!!! A las 6 y media, cuando el sol pega todavia con fuerza, en los dos supermercados cerca de bajan la persiana y no la levantan hasta el dia siguiente, aunque golpees y patalees gritando que solo necesitás un kilo de cebollas. Sólo los jueves los negocios estan abiertos hasta un poquito más tarde. Sino están las estaciones de servicio que tienen abierto hasta más tarde, y te pueden sacar de la emergencia.
- Tal vez relacionado con el punto anterior, esta gente de horario corrido cena también a plena luz del día. Los restaurantes cierran a las 11 de la noche, a las 12 a más tardar. Algunos restaurantes de los pueblos eligen el sábado como dia de descanso (Ruhetag), así que ese dia ni siquiera abren.
- La puntualidad: Lo de la puntualidad suiza es cierto. Eso de meterte en la ducha quince minutos antes de que lleguen tus invitados, contando con que van a empezar a caer un poco mas tarde, acá no va. No sé como lo hacen, nada los retrasa, y si les decis "um 4" en vez de "ab 4", a las cuatro y un minuto los tenés tocando el timbre.
- La vida tranquila: la sensación de seguridad y de que no te van a matar en la calle es un placer que agradezco cada dia. Dejar el auto en la calle, dormir con la ventana abierta, dejar las sillas en el jardín de planta baja y encontrarlas al dia siguiente, y al otro, y así sucesivamente todos los días de tu vida. Cada tanto roban alguna bicicleta, en general no pasa nada y uno vive tranquilo, y entra y sale tranquilo de su casa.