
- Con algunas excepciones, llegar a este estado es más fácil de lo que uno se imagina.
- Inmediatamente después de quedar embarazada no se siente nada especial. No hay intuición de madre que nos diga que algo está creciendo dentro de nosotras.
- No hay fuertes mareos ni desmayos como en las películas de Sissi, solo una normalidad pasmosa y la ausencia de la menstruación, que uno atribuye a otras razones, desde una confusión de fechas mal anotadas en la agenda hasta un tumor, pero no un bebé.
- Recién empieza a creerse el tema cuando el test da positivo. Para este momento una se había imaginado siempre formas originales de hacerle el anuncio para sorprender inolvidablemente a su pareja, como unos escarpines en la heladera, una cena romántica con un postre que diga "Vas a ser Papá", o algo así.
- La realidad es que nuestra pareja está informada desde el primer día de nuestro "atraso", e incluso lo mandamos a la farmacia a comprar el test, y es él el que mira primero el resultado.
- Embocar el pipi en la varillita tampoco es tan dificil como una se imagina.
- Después de que el test da positivo, tras un mareo inicial, uno sigue un poco incrédulo. Recién la visita al médico nos termina de convencer.
- El médico nos recibe con un arma secreta, su ecógrafo intravaginal. Apenas cruzamos el umbral de su consultorio, y sin mayores muestras de simpatía, pretende introducirnos su herramienta, por nosotras nunca antes vista, en lo más profundo de nuestro ser.
- Después de un par de visitas el aparato empieza a caernos bien, especialmente porque es la única forma de poder ver a nuestro bebé, de saber que sigue ahi.
- Y sigue ahi.
- Y crece.
- Y toma forma de alien.
- Después de humano.
- Finalmente de bebito.
- Inmediatamente una adquiere ansias de saber el sexo, de ponerle un nombre, de verle la cara, de comprarle ropita.
- Lo de comprarle ropita al bebé es inversamente proporcional a lo de comprar ropa para nosotras, dado que al bebé en nuestra mente todo le queda bien, a nosotras cada dia que pasa la ropa nos entra menos, los botones de las camisas no nos cierran, ni hablar de los pantalones.
- El embarazo es una época de cuasi ascetismo. Dejamos de fumar, de tomar alcohol, pero tampoco podemos tomar coca cola, ni café, ni té negro, ni cualquier bebida que tenga demasiada azúcar. Después nos dicen que las bebidas dietéticas tienen aspartamo, y que nuestro bebé podria sufrir consecuencias terribles que provoca esa sustancia, entonces tampoco podemos tomar gaseosas diet. Nos quedan el agua y el té verde, y las ganas de clavarnos media botella de Malbec que nos persiguen durante todo el embarazo como Gollum a Frodo durante toda la parte I del Señor de los Anillos.
- Un día, alrededor del cuarto o quinto mes, nos miramos al espejo y vemos, sorprendidas, que estamos definitivamente embarazadas, sin más lugar a confusión.
- Simultáneamente comienzan los movimientos del bebé. Al principio pensamos que son gases que dan vueltas en nuestro intestino. Después se hacen cada vez más claros y diferenciados.
- Queremos hacer participe al padre de ese mágico momento, pero la realidad es que cada vez que le ponemos la mano en la panza, el bebé no se mueve. Quietud total.
-A la décima vez, el padre nos mira con desconfianza, piensa que lo estamos cargando o que imaginamos todo. A la vez siguiente, siente la primera patadita y se le ilumina la cara.
- El instinto de anidar se despierta y empezamos a comprar cosas. Pronto nos damos cuenta de que necesitamos más cosas de las que sabíamos que existían. Tales como: un tacho de basura con un complejo sistema de bolsas que se cierran herméticamente tras cada pañal sucio que se arroja en él. Al parecer, impiden que toda la habitación del bebé huela a caca. Buen punto. Lo ponemos en nuestra lista. O una maquina que cocina papillas al vapor. Porque el microondas puede ser cancerigeno. Buen punto. O una maquina que desinfecta mamaderas. O una lampara de calor para el lugar donde cambiamos al bebé. La lista se hace interminable y empezamos a tachar y prometemos convertirnos en madres hippies, atarnos al crio en la espalda como una boliviana y criarlo en la naturaleza, sin accesorios de ningun tipo.
- Pronto llega el séptimo mes y con él, el miedo al parto, y al fantasma de la episiotomía, o en otras palabras de que nuestra muchacha nos quede grande como la de Amalita Fortabat, y que tengamos que hacernos una reconstructiva ahi abajo.
- Caemos en la cuenta de que faltan menos de dos meses para la fecha de parto y no tenemos nada listo. Ni el bolso para la clínica, ni lavada la ropita del bebé, y las cosas que heredamos de otras parejas con bebés todavia estan repartidas en las casas respectivas y nunca las fuimos a buscar.
- Y con la idea de que pueda llegar la fecha del parto nos asalta una tristeza de que el embarazo llegue a su final. Al fin y al cabo, no habiamos terminado de acostumbranos a este nuevo estado y ya termina. Y todos te dicen que tu vida va a cambiar, como dicen los exagerados, que va a dar un giro de 360 grados. Asi que nos proponemos disfrutar de cada momento, ir al cine, dormir hasta tarde cada vez que podemos, estar de a dos. Ya vendrá el tiempo de mamaderas y papillas.